
Ya que te has tomado la molestia de llegar hasta mi fotografía, te diré la verdad: no es la cámara, es que sé dónde mirar (aunque la cámara también costó lo suyo).
Estas fotos son el resultado de mi incapacidad para estarme quieto. Son ejercicios de luz, color y composición que uso para alimentar mi cerebro de diseñador y demostrar que sé construir una imagen sin necesidad de guías de Illustrator.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero como soy Director de Arte, prefiero que valga más que mil likes. Míralas con calma, pero no me pidas el RAW: los secretos de magia no se cuentan.
E intenta no scrollear tan rápido como lo haces en Instagram.













